|
Lenguaje y medio EL ENTORNO LINGÜÍSTICO DEL NIÑO Nos ayuda a comprender plenamente como se adquiere el lenguaje además del papel desempeñado por el propio niño. A mayor complejidad de un mecanismo más plástica es su conducta y mayores las posibilidades de variación individual. Precisamente el lenguaje humano representa un claro ejemplo de plasticidad pues todos los seres humanos normales nacen con la posibilidad de aprender a hablar pero la lengua concreta de cada individuo depende del ambiente en el que crece y se desarrolla. En el lenguaje influyen la maduración, la imitación y la interacción. Decimos que la maduración influyen en la adquisición y desarrollo del lenguaje porque supone la existencia de cambios cualitativos a lo largo del tiempo con lo que se van logrando niveles adecuados para la formación de estructuras y adquisición de capacidades, a través de las cuales el individuo puede realizar progresos hacia cotas superiores y emprender nuevas conductas. El proceso madurativo no se reduce solo a un crecimiento cuantitativo de tipo físico sino a un crecimiento cuantitativo de tipo físico sino que implica modificaciones fisiológicas dentro del organismo que traen como consecuencia transformaciones de tipo psicológico. |
En el caso del lenguaje, por ejemplo, será inútil intentar que el niño hable a los cuatro meses porque las zonas neuronales responsables del habla a nivel del sistema nervioso central así como el sistema fónico correspondiente no han alcanzado aún un nivel madurativo que permita la coordinación entre ambos. Sin embargo, la maduración está abierta al influjo de las condiciones exteriores, es decir, ninguna habilidad biológica puede madurar completamente sin el adecuado apoyo del medio o sin el ejercicio y entrenamiento a través del aprendizaje.
El papel de la imitación en la adquisición y desarrollo del lenguaje a tenido defensores controvertidos en función de los planteamientos que se han hecho de esta actividad humana. Mientras que los conductistas han considerado que los niños aprenden a hablar exclusivamente por la imitación del lenguaje que oyen en su entorno, los innatistas sostienen que el modelo del entorno sirve a lo sumo para desencadenar del proceso de adquisición del lenguaje, y la imitación representa un papel irrelevante en dicho proceso. Los constructivistas y cognitivistas sostienen que la imitación es un prerrequisito del desarrollo y es una estrategia útil para el aprendizaje del lenguaje en la medida en que la capacidad de imitar aumenta con la edad de los niños, así la imitación facilita que los niños incorporen a sus producciones los elementos lexicales, morfológicos o sintácticos que no forman parte de su repertorio habitual.
Por último los interaccionistas señalan las siguientes funciones de la imitación:
Facilita la interacción entre las personas implicadas.
Posibilita la intervención del niño en la comunicación a pesar de que su capacidad comunicativa sea limitada.
Confirma el feet – back (retroalimentación de un mensaje puesto que la imitación tiene una entonación propia cuando se trata de corroborar o esclarecer.
Facilita el léxico.
Los investigadores reconocen cada vez más que las influencias educativas del habla adulto no se pueden estudiar ni comprender aisladamente prescindiendo de la forma de su interacción con la contribución del niño al proceso de adquisición del lenguaje. De ahí que la interacción entre un bebé y un adulto muestra que muchas actividades que se producen entre ambos parece que están organizadas siguiendo unas pautas de actuación en las que cada uno de los factores tiene su turno de intervención para aportar su contribución que alterna con la participación del otro aunque esta se reduzca a simples vocalizaciones o balbuceos.
Algunos trabajos hacen hincapié en los estilos o tipos de interacción entre el adulto y el niño y se ha constatado en distintas culturas que cuando los adultos hablan con niños pequeños (h. 3) emplean un registro del lenguaje especial que se caracteriza básicamente por ser redundante y repetitivo además de tener una estructura muy simple por la utilización de frases cortas. En todo caso la información lingüística tiene más probabilidades de convertirse en aprendizaje cuando cumple ciertas exigencias en relación con las capacidades de atención y procesamiento del niño cuando se refiere a objetos, hechos y situación que el niño está observando y cuando codifica significados pragmáticos o semánticos que el niño es capaz de conceptualizar.
Los contextos de adquisición del lenguaje más importante son el familiar y el educativo. Tanto el medio familiar como el centro educativo forman parte de un amplio contexto socio – cultural que tiene una influencia relevante sobre el desarrollo del lenguaje y el comportamiento verbal del individuo que vive en él.
La organización familiar influye en el ámbito del lenguaje y más especialmente en la función que se le atribuye al mismo. Es verdad que en todas las familias se habla, no es menos cierto que el contenido y los temas tratados por los interlocutores de los distintos medios sociales son muy distintos.
Los trabajos realizados señalan que el niño se desenvuelve de forma muy variable de un medio social a otro pues no solo son distintos las condiciones materiales sino también el proceso de socialización.
En estudios dedicados a la relación entre lenguaje y clase social, Berstein analiza la importancia que las madres pertenecientes a distintos grupos sociales conceden a la utilización del lenguaje en distintos ámbitos de socialización distinguiendo medres de clase acomodada que consideran el lenguaje básico en el dominio de las relaciones sociales mientras que las de clase trabajadora opinan que el lenguaje es fundamental para la transmisión de capacidades para estas, por ejemplo, el lenguaje es un medio útil para enseñar actividades de la vida diaria (vestirse...).
Por lo que respecta a la clase obrera el saber se transmite en el marco de una relación social en la que el receptor permanece relativamente pasivo en tanto que en las clases altas es más activo.
Se constata a sí mismo que las madres de clase alta opinan que el lenguaje desempeña un papel fundamental en la comunicación de sentimientos, en tanto que en las clases populares está mucho menos explicitada esta finalidad.
Por último, en el lenguaje conceptual, cuya función es hablar de las cosas, objetos y entorno predomina en las familias de clase social alta y media . (Estas clases sociales usan un enfoque más abstracto mientras que en las trabajadoras es más concreto).
En definitiva los niños procedentes de clases medias y altas disponen de un repertorio lingüístico más amplio en sus hogares mientras que los de clases trabajadoras tienen un repertorio más restringido.
En el contexto educativo debido a la influencia sociolingüística ejercida por la familia existen unas diferencias importantes en el bagaje lingüístico de los niños cuando llegan a un centro educativo.
La escuela enseña y proporciona conocimientos y potencia el lenguaje conceptual. Esta situación lleva consigo que algunos niños estén en condiciones de inferioridad dado que los temas propuestos, sus contenidos o la manera de presentarlos les resultan poco familiares.
Características del centro educativo
El centro educativo ejerce una influencia muy positiva en la formación del niño y de manera especial en el aprendizaje del lenguaje ya que se organizan programas particulares de manera que se activa y desarrolla la actividad lingüística de los niños y proporciona ventajas a todo el alumnado. Tanto a los que en el medio familiar cuentas con mayores posibilidades como a los que no las tienen.
En el centro educativo los niños aprenden muchos conceptos nuevos y adquieren de un modo intenso las reglas del lenguaje.
No obstante se presentan dificultades debido a la calidad de los programas y a la cualificación y capacidad de aquellos que deben llevarlos a cabo. De tal forma que un trabajo con los niños insuficientemente individualizado puede tener unas consecuencias no deseables en desarrollo del lenguaje precisamente en un medio que cuenta con todas las posibilidades para hacerlo progresar.
El colegio cumple una finalidad lingüística que completa la influencia ejercida por la familia y proporciona que los niños adquieran conocimientos que terminan por igualar las diferencias procedentes del contexto o entorno familiar.
ETAPAS EVOLUTIVAS EN LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE: ENFOQUE DE ALGUNOS AUTORES.
Ya hemos visto que uno de los factores determinantes en la adquisición y consolidación del lenguaje infantil es el lenguaje de los adultos, o sea, el entorno lingüístico del medio.
También hemos visto que los comienzos de la comunicación y la interacción social son anteriores al conocimiento y uso del significado de las palabras y del lenguaje mismo.
También que exista un periodo prelingüístico o preverbal constituido por un sistema complejo de comunicación fundamentado en la experiencia sensorial y motora del niño. Pero lo importante se extiende desde los 12 y 18 meses en adelante, en lo que coinciden cuantos estudiosos han analizado la producción verbal infantil.
Vamos a estudiar estos planteamientos siguiendo los componentes que constituyen el estudio del lenguaje.
Morfológico: Después de que el repertorio léxico de los niños supera las 50 palabras (18 meses) y hasta los cuatro años las producciones infantiles se hacen más complejas. El vocabulario es mucho más rico de tal manera que hacia el final de este periodo ya son capaces de producir la casi totalidad de consonantes y combinaciones de estas con vocales, con la excepción de algunas consonantes aisladas (r, z) y algunos grupos de consonantes (ns) y diptongos.
Aún así se aprecian procesos de simplificación fonológica descendiendo significativamente entre los 20 meses y 4 años y medio desapareciendo prácticamente a los 6 años.
Entre los procesos que simplifican destacan sustitución de un sonido por otro, asimilación de un sonido a otro próximo, simplificaciones de la estructura silábica mediante reducción de grupos de consonantes o reducción del diptongo o pérdida de la consonante o segmento final de la palabra y omisión de sílabas iniciales átonas.
A partir de los cuatro años se producen avances importantes en el ajuste morfo – fonológico así como en la modificación de las palabras al conjugar los verbos.
Hacia los 5 – 6 años desarrollo metafonológico o conocimiento consciente sobre la fonología que tanta relación guarda con la habilidad lectora y escritora.
A partir de este momento los niños empiezan a ser conscientes de las diferencias que suponen los cambios en ciertos sonidos. Así como de la estructura fonológica de las palabras, no solo las sílabas, sino de los fonemas.
Estas habilidades son necesarias para el aprendizaje de la lengua escrita.
Adquisición de los primeros morfemas
18 – 24 meses:
Formas a veces no diferenciadas de los primeros artículos (a).
Primeras formas de plural usadas no sistemáticamente.
Primeras formas de artículo determinado e indeterminado (no todas).
Uso de algunas preposiciones (a, de, en, por).
Uso no diferenciado de los diminutivos.
Uso anecdótico.
El uso de los niños de 2 años nos revela la capacidad para captar irregularidades en el uso de los morfemas. Al principio no aplican los morfemas flexibles o de flexión ni derivaciones, ni tampoco utilizan los sufijos verbales (tiempo, persona, número...). Esto pone de manifiesto que los niños prestan atención al lenguaje como ámbito de expresión y de esfuerzo intelectual y demuestran una sorprendente capacidad para analizar los fenómenos lingüísticos considerando las regularidades de uso, es decir, los niños de estas edades son procesadores activos del lenguaje.
24 – 36 meses:
Uso sistemático de los plurales en todas las palabras.
Variación adecuada de los artículos.
Primeras variaciones en los verbos.
Más preposiciones y adverbios.
Uso desigualado de indefinidos, demostrativos.
Uso de auxiliares (ser, estar).
Uso sistemático de pronombres personales y posesivos.
Primeras variaciones de modo.
Aparición de tiempos compuestos.
Errores de sobrerregulación.
Se producen ciertos morfemas como el pronombre y el adjetivo posesivos de primera persona del singular aunque al principio solo lo hacen en situaciones de reivindicación de la posesión de algo o en situaciones de conflicto o litigio con otros niños o adultos que los provocan o cuando reclaman algo para ellos.
Al cabo de un mes comienzan a usarlo con nuevas funciones de manera descriptiva o como uso narrativo. Hacia los 20 – 24 meses, usan su nombre precedido de la preposición “de” un recurso que después se empleará para indicar la posesión de una tercera persona. También aparecen algunas formas de plural pero todavía los errores de sobrerregularización varios meses después de los dos años.
Pero los niños además del aprendizaje morfológico adquieren el desarrollo sintáctico con las primeras producciones gramaticales. Son producciones de una única palabra o frases hechas usadas como rutina o fórmula en determinados contextos.
En torno a los dos años aparecen las primeras combinaciones de dos palabras y a veces más en oraciones incompletas que emplean los niños para expresar operaciones de referencia y relaciones semánticas. Posteriormente los niños combinan relaciones semánticas a través de, por ejemplo, agente, acción, objeto, y son capaces de formar la categoría nominal.
Tendríamos las relaciones semánticas expresadas con el agente-acción, acción-objeto.
Hacia el final de la etapa pueden aparecer usos diferentes de artículos determinados e indeterminados empleando ciertas palabras mientras con otras están ausentes. Aunque no tienen todavía adquirida la concordancia de genero y número producen oraciones que indican su sensibilidad a este fenómeno.
A partir de los dos años y medio ya logran establecer claramente el predicado nominal como categoría gramatical. En este período aparecen combinaciones de determinante más nombre. Usan formas diferenciadas de los artículos posesivos, demostrativos y otros elementos en sus combinaciones con los nombres y también emplean los pronombres personales con funciones de sujeto y complementos de los verbos lo que indica que la categoría nominal está formada. Así mismo la concordancia se logra en este período y los errores son prácticamente inusuales.
Incluso aparecen oraciones negativas simples, interrogativas y las primera en subjuntivo usadas principalmente para hacer demandas directas o indirectas.
Y a partir de los tres años comienza a producirse oraciones interrogativas con pronombre, concordancia de número y persona entre sujeto y verbo lo que demuestra que los niños a partir de los tres años. Adquieren la categoría verbal. También van apareciendo las primeras oraciones subordinadas llamadas nominales de infinitivo que usan sobre todo para expresar deseos.
Subordinadas-nominales de infinitivo, relativo o adjetivo y adverbio de causa, fin, modo, condición y comparación.
En la quinta etapa (3 – 4,5 años) las características que podemos señalar producen toda variedad de oraciones subordinadas incorporando las de tiempo y lugar así como las de relativo. Sin embargo, hay ciertas oraciones que todavía son difíciles de adquirir antes de los 4,5 años; son oraciones pasivas que en general no las usan los niños de la segunda etapa de edad infantil ni siquiera en ocasiones las utilizan los adultos que los rodean.
Hacia los cinco años los niños logran comprender las oraciones pasivas reversibles no así las consideradas pasivas irreversibles que son comprendidas no antes de los 7 u 8 años.
Por último en la sexta etapa (5,5 – 6 años) los niños pueden aprender a usar diferentes recursos lingüísticos para elaborar un relato o narración para argumentar, conversar, dar explicaciones, etc. sucede este porque se sigue un determinado esquema lo que requiere un desarrollo conceptual en el que se sea capaz de diferenciar distintos elementos. Para realizar un relato, por ejemplo, es necesario establecer con claridad un personaje y una trama argumental en torno a los acontecimientos que suceden al personaje principal, siguiendo un determinado esquema.
Eso, por tanto, exige el manejo de recursos lingüísticos como el establecer un fondo narrativo sobre el que se sitúan los acontecimientos y se manejan aspectos de esos acontecimientos, logros que se consiguen a partir de los seis años y no se logran plenamente hasta cumplidos los nueve años. Conviene decir que todos los niños no siguen un mismo curso en su desarrollo sintáctico; algunos muestran un estilo analítico mientras que otros usan un estilo guestáltico (ven una parte como todo). Los primeros tienen una tendencia a usar elementos lingüísticos que previamente han analizado y solo los usan una vez que los han analizado.
Por el contrario otros niños empiezan produciendo emisiones que tienen más de una palabra, reproduciendo con buena entonación lo que son frases adultas pero con poca claridad en la pronunciación de sus elementos – componentes. Estos niños cuyo estilo se ha llamado guestáltico emplean una estrategia: usar primero y analizar después.
Ambos estilos son maneras diferentes de adquirir el lenguaje que desemboca en una mismo resultado final.
En cuanto al desarrollo semántico, hacia los 20 meses se produce lo que algunos han llamado la explosión de vocabulario adquiriendo nuevas palabras a una velocidad que es seis veces superior a la del período intermedio, así por ejemplo, hacia los once meses el número de palabras diferentes conocidas por un niño es de una, a los 16 meses de diez, a los 19 meses de 50, a los 2 años 450, a los 2,5 años 950, a los 4 años 2450.
A partir de ese momento los niños adquieren un promedio de entre cinco y nueve palabras nuevas al día hasta los seis años.
La mayor parte de las primeras diez palabras que producen los niños aparecen en contextos muy determinados creados por los adultos; que son situaciones habituales tales como ir al baño, comer, saludar, despedirse, jugar a ciertos juegos, dar objetos, leer cuentos, etc... lo que revela todo este contexto en el que el niño aprende que todavía no es capaz de generalizar el uso de las palabras a los referentes apropiados, debido a que todavía no se han formado estos niños representaciones conceptuales de la realidad.
Esto lo demuestran estudios hechos a niños bilingües. Este estudio es especialmente relevante para apreciar el aprendizaje contextualizado de las palabras. Hay ejemplos que aprenden una palabra de una lengua en un contexto determinado y su correspondiente en la otra lengua en otro diferente sin que sean capaces de ponerlas en relación lo que revela que todavía no hay una representación conceptual subyacente al significado de dichas palabras.
En el desarrollo pragmático, a partir de los dos años hasta los seis se caracteriza por:
La importancia de los padres porque son ellos los que influyen poderosamente en los primeros aprendizajes, merced al contacto comunicativo entre padres e hijos. Estos poco a poco van aprendiendo a expresar más y más complicadas intenciones con su lenguaje, realizan preguntas, dan información, describen, responden, etc.
Entre 2 y 4 años los niños desarrollan la habilidad básica para conversar. Si bien en un comienzo no existe en ellos capacidad de establecer un tema de conversación.
A los 4 ya no solo saben como abrir la conversación y despedirse sino que saben hablar de algo e incluso pueden anticipar la despedida. En todo ello los padres ayudan en el desarrollo de la capacidad pragmática cuando hacen variar su forma de hablar dependiendo de variables contextuales como número de hablantes, edad del interlocutor, grado de familiaridad, etc.
Entre los 3 y los 7 años los niños pueden alterar el orden de los elementos de la oración con la intención de destacar al colocarlas en un orden que no es el más frecuente.
Hasta los 7 años siguen manifestando dificultades en la comunicación referencial cuando tienen que explicar cómo hay que hacer para explicar que un juguete está en un lugar donde otro niño no conoce.
Por último del desarrollo semántico durante el período que va de los 2 a los 6 años tiene las siguientes características:
La mayor parte de las palabras que emplean los niños se refieren a personas, animales, alimentos, partes del cuerpo, vestidos, vehículos, juguetes y cosas de la casa, al espacio inmediato, acciones y rutinas (por favor, adiós, hola).
De todas formas no todos los niños siguen el mismo proceso o ruta en la adquisición del léxico. Algunos pueden seguir aprendiendo palabras vinculadas al contexto mientras que otros pueden comenzar formando significados prototípicos desde el principio.
Después de los 2 años la adquisición de nuevas palabras avanza rápidamente lo que parece estar relacionado con las capacidades cognitivas de categorización y conceptualización de la realidad. De esta manera van conformando campos semánticos cada vez más complejos. El proceso que siguen en el aprendizaje es de lo más general a lo más específico: de grande/pequeño pasa a largo/corto en longitud, alto/bajo en altura, gordo/delgado, ancho/estrecho, etc.
EL LENGUAJE Y SU RELACIÓN CON EL MEDIO SOCIAL Y AFECTIVO
El proceso evolutivo está condicionado por algunas variantes como son la falta de atención o concentración en el estímulo sonoro y la poca memoria auditiva pero también por la torpeza o dificultad en la coordinación motriz de los músculos bucofonadores y de los órganos articulatorios. A ello habría que añadir la influencia del medio como un factor determinante que lo favorece o entorpece.
La afectividad es considerada como el punto de inicio del desarrollo del lenguaje infantil. Su carencia hace que el niño no aprenda a hablar e incluso puede llegar a detener su posterior desarrollo normal.
El caso más extremo de carencia sería el autismo que es signo de la total indiferencia hacia el mundo afectivo exterior. El niño solo vive para sí mismo, parece que no siente afecto por nadie y se encierra en él. Es la ausencia de habla por no estar motivado a ello o bien por no relacionarse con los demás porque sus medios de comunicación son diferentes estableciéndose un círculo vicioso que termina agravando aún más su síndrome.
Casos menos graves serían los problemas afectivos derivados de la dinámica familiar. Pueden llevar al niño a situaciones regresivas a actuar como su fuera menor, a querer hacerse el gracioso y actuar como un niño más pequeño de lo que es.
Por el contrario el niño que siente cariño y protección de la familia manifiesta deseos de relacionarse con los demás y por ello logra un avance significativo en su desarrollo verbal y social como la sonrisa, y manifestar placer a través de su mirada, por ejemplo.
El sistema límbico es la parte del sistema nervioso que controla las reacciones fisiológicas producidas por las emociones. Este activa como controlador de los medios de expresión preverbales como la mirada, expresión facial, gestual así como la entonación y modulación vocal.
Desde los primeros momentos adulto y niño interactúan experimentando el adulto una adaptación particular hacia el niño y a su vez este realiza continuas conductas de acomodación a las del adulto.
El diálogo afectivo con el adulto presenta varias modalidades que van desde la expresión afectiva de satisfacción o insatisfacción manifestadas a través del llanto, risa o alegría a la función apelativa reclamando atenciones pasando por la de respuesta gestual a reacciones a conductas ajenas.
Como sabemos cuando somos pequeños y mientras las posibilidades verbales son mínimas las emociones desempeñan un papel fundamental en la comunicación dependiendo sobre todo de la entonación que imprima el adulto a la voz y de su expresión gestual o corporal.
A medida que crece y adquiere el lenguaje oral las conductas infantiles se intelectualizan de tal forma que la palabra puede controlar sus emociones, es decir, la conducta preverbal es más emocional que intelectual mientras que la realización verbal es más intelectual que emocional.
Difícil la estimulación lingüística se puede separar del desinterés afectivo pudiendo clasificar las interacciones verbales de los adultos significativos con los menoras en tres grupos:
Ø Aquellos que pecan por falta de comunicación, es decir, hablan poco al niño.
Ø Hablan demasiado y emplean términos elevados lo cual puede producir un bloque en la comunicación y en la comprensión oral de su hijo.
Ø Personas adultas que favorecen el desarrollo verbal del niño poniéndose a su altura y usando un lenguaje cargado de una fuerza emotiva grande, prototipo ideal de comunicación niño-adulto ni demasiado ni sin hablar.
Cuando no hay lenguaje se habla de deprivación sociocultural, es decir, ausencia o falta de posibilidades para desarrollar las habilidades sociales. Está claro que le lenguaje y comunicación se consigue en la interacción con el medio, es decir, el entorno social, por eso no se puede hablar de dificultades teniendo solo como referente al niño.
Una situación de este tipo de carácter extremo e irreversible sería el caso de los niños salvajes, pero también existen ambientes negativos para el desarrollo del lenguaje como puede ser el caso de la convivencia del niño con adultos esquizofrénicos o psicóticos e inclusive ambientes muy sobreprotectores pueden ahogar o reducir la capacidad de iniciativa del niño reforzando un habla infantilizada o menos madura.
Se afirma que los niños que provienen de clases sociales más desfavorecidas tienen limitaciones lingüísticas que les producen un mayor grado de fracaso escolar.
Las características del lenguaje formal o elaborado serían:
Ø Precisión en la estructura gramatical y sintáctica.
Ø Uso de frases complejas con conjunciones y preposiciones subordinadas.
Ø Uso de preposiciones que indican relaciones lógicas, proximidad espacial y temporal, simbolismo expresivo, etc.
Mientras que las características del lenguaje restringido serían:
Ø Uso de frases cortas con estructura gramatical y sintaxis simple.
Ø Uso de pocas oraciones subordinadas y escaso de proposiciones impersonales, en tanto que las expresiones hechas y muletillas así como el uso de adjetivos y adverbios es rígido y abundante abusando incluso de proposiciones implícitas y por tanto de un uso del lenguaje nada claro para el receptor, empleando enunciados en los que se mezclan justificaciones y conclusiones.
Se han hecho algunas críticas a esta forma de analizar la pragmática del lenguaje pero diferentes investigaciones comprueban como diferentes niños de clase media y superior tienen un mayor desarrollo lingüístico que los de clase baja.
Solo Hernández Pina (1.974) encuentra que el lenguaje no es algo exclusivo de un nivel cultural sino que está más independiente que lo que otros estudios muestran, es decir, que parece que hay otras explicaciones.
El desarrollo del lenguaje y bilingüismo
Bilingüe es el individuo que conoce dos lenguas con la misma extensión y profundidad y es capaz de usarlas con parecida eficacia.
Se adquiere el dominio porque las diferentes lenguas están presentes en el medio familiar y social.
No es posible entender el bilingüismo individual si se prescinde del contexto social. En la práctica el niño bilingüe interioriza las dos lenguas con lo que es capaz de pensar, imaginar y soñar en las dos aunque una de las dos la configura como lengua principal.
El bilingüismo es tanto más fácil cuanto más pronto se inicia. Si la adquisición de la segunda lengua se inicia cuando la primera está solidamente establecida los aprendizajes se apoyarán en los mecanismos de traducción y así mismo sobre una reflexión consciente de las estructuras gramaticales de las dos lenguas.
No obstante lo principal es si el bilingüismo perjudica o favorece el desarrollo intelectual. Es evidente que no hay individuos totalmente monolingües.
Algunos estudios con respecto a la inteligencia de niños bilingües han comprobado que los resultados de estos son mejores que los monolingües, quizá por poder de dos estructuras semánticas diferentes lo que les permite un más amplio desarrollo cognitivo.
Ciertos estudios (ERVIN y OSGOOD) diferencian dos tipos de bilingüismo:
Compuesto: el individuo posee un solo contenido cognitivo pero dos etiquetas formales diferentes. Supone introducirse en la segunda lengua por el aprendizaje clásico.
Coordinado: adopta cada forma fónica a su principio contenido, se da cuando las dos lenguas se aprenden a través de experiencias diferentes y en representaciones aisladas, es decir, se aprende normalmente en la familia y en la sociedad. Este es el auténtico bilingüismo.
Algún autor sostiene que el bilingüismo compuesto suele aplicarse a palabras concretas pues se asocia al ambiente familiar mientras que el coordinado favorecería el dominio de las abstractas que se suele adquirir en ambientes diferentes al familiar como la escuela, sociedad...
Favorece porque el aspecto neurológico se desarrolla en el bilingüe de manera simultánea de tal forma que la adquisición de las lenguas desde pequeño tiende poco a poco a ubicarse en el hemisferio derecho en tanto que el bilingüe tardío no llegará a dominarlas por no ubicarlo correctamente en el hemisferio correspondiente.
La edad adecuada para iniciar estos aprendizajes es que no hay edad determinada pero sí sabemos que el niño tiene más plasticidad que el adolescente por tanto cuanto más temprano se inicien las prácticas y entrenamiento lingüístico más facilitamos el desarrollo intelectual y dominio de las diferentes lenguas. Tanto así que si el ambiente que rodea al niño es favorecedor el bilingüismo no es un obstáculo sino un estímulo para el desarrollo intelectual.
El bilingüismo parece tener influencia en la personalidad pero no está demostrado en que grado existe conexión entre la lengua y la personalidad.
En el monolingüe la unidad de la lengua parece ser el soporte de la unidad de su personalidad. Esta conexión lengua personalidad se establece a nivel de los significados pero también se puede ser bilingüe y tener una personalidad armoniosa y viceversa.
Lo que
ocurre y muy en particular en las personas discapacitadas es que
al convertirse en bilingüe requiere un esfuerzo excesivo que a
veces es preferible ahorrarse. Hay que optar por una sola lengua
pero no excluye que una vez que la ha adquirido sea capaz de
hacerlo en varias lenguas.